Imágenes con frases profundas sobre la felicidad

La felicidad es un ideal, un punto de fuga que a veces sentimos que siempre se nos escapa ¿Podría ser de otro modo? Tal vez la felicidad perfecta nunca exista debido a nuestra existencia finita a una petición de infinidad. Si carecemos de algo material, de alguna pretensión, si el dolor aparece, si la muerte eclosiona, ese proyecto pareciera deshacerse en nuestras manos. Sin embargo, como compensación, lo contrario también es imposible: la infelicidad extrema. De todos modos, como seres humanos obstinados y obcecados, intentamos, luchamos y podemos tocar estados hermosos. No importa la oscuridad, las tristezas, porque a partir de ellas la alegría plena a veces se alcanza. A continuación, frases profundas al respecto.

Imágenes con frases profundas sobre la felicidad

La felicidad es un estado sumamente sensible, curioso, frágil ¿Pero no tiene que ser así? ¿Acaso las estrellas no se divisan alrededor de la oscuridad? ¿Un diamante no se pondera por su escasez en el mundo? En rigor de verdad, la felicidad no deja de ser algo contrastante.

Es positivo ser un agente de la felicidad, reproducirla, multiplicarla aunque se la esté diviendo como nada en el mundo. Uno emana luz, a uno le basta con lo que tiene, posee un estado de suficiencia tan espectacular que el resto solo pueden ser miserables a su alrededor.

Que la génesis de tu felicidad sea tu individualidad. Claro, puede parecer algo egoísta o egocéntrico, pero, en rigor de verdad, es la actitud más inteligente que podemos acometer ¿Tenemos control de algo más que nosotros mismos? ¿Acaso todo lo que es ajeno no tiene una voluntad propia, ergo distinta e independiente de nosotros? Claro que sí, por eso nunca la felicidad puede depender de lo segundo.

Y cuida tus pensamientos, porque estos determinarán tu sensación de carencia o pobreza y una contraria donde la felicidad se exuda por todas partes, porque reconoces en definitiva que eres afortunado de tener lo que tienes (a juicio de muchos quizás poco; pero para ti demasiado).

Pero estamos hablando de un estado espiritual prolongado, una construcción paulatina, tortuosa, que puede costarnos llegar. En rigor de verdad, tenemos que luchar contra conceptos sumamente arraigados, pesados, que nos dicen que los honores, el poder o las riquezas hace a la felicidad. Y no: no tiene que ser necesariamente así, por más que nuestro sistema mundo sopese tan bien los objetos, entre estos el dinero.

La felicidad en un mundo de oscuridades, opacidades y lóbregos destinos siempre será una valentía, un animarse a romper con el esquema gris del existir en muchos. Eso es muy positivo.

Las ocasiones especiales no existen como juicio a priori o, mejor dicho, no conviene creer en ellas por más que aparezcan ¿Por qué? Porque nos dejan en un estado de receptividad peligroso, en el que la espera puede llevarnos el existir mismo. No, mejor es crear el momento, construirlo, forzar al destino hasta que nos de la cara que anhelamos.

Pero el mundo nos resiste, se nos opone, pareciera que tuviera otras empresas. Y es algo evidente: es así porque lo hacen otras personas, a veces con proyectos antagónicos. Por eso, lo mejor siempre será la fuerza, la persistencia y la creencia que se está en el derrotero adecuado.

Primero seamos felices, que con ese estado mágico nos daremos cuenta que hasta la cuestión más sencilla o somera nos hará feliz. No hay mucha vuelta que darle: hablamos de una fórmula universal.

Decidamos ser felices. Cuestión complicada, porque hablamos de una elección que se decide, valga la redundancia, a cada paso, en cada instancia; así de simple y a su vez así de complejo.

No hay necesidad de tener muchas cosas ni las mejores, por el solo hecho que aquellas adquieren ese rasgo con el solo mirar feliz. Sí, siempre será más sustantivo ser que tener; hay una cuestión de preponderancia clara.

Cuida tus pensamientos siempre. Te arrojarán a profundas grietas si son negativos; aunque te llevarán a las más altas cimas si son positivos.

Suficiencia de las personas felices: se dan cuenta que tienen todo, que no necesitan más; hacen a un lado de manera definitiva esa voracidad que solo ocasiona estrés y tristeza. Digamos que tienen una parsimonia de deidades humanas, valga el oxímoron.

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